C F E S Metodología


 

            Cuando nos iniciamos en el complicado mundo de la formación del personal de seguridad nunca pudimos imaginar la responsabilidad que caía sobre nosotros, los instructores, al capacitar a profesionales que van a estar expuestos a un riesgo real.

    Jóvenes  que confían en nosotros, en nuestros métodos para desarrollar bien su futuro trabajo, para sentirse más seguros.

    Después de finalizar el curso se encuentran eufóricos, capaces de enfrentarse a todo y desgraciadamente, nada más lejos de la realidad.

    Solo la prevención, la constancia, el entrenamiento e incluso la imaginación conseguirá que trabajen de forma profesional durante muchos años.

    Tenemos pues, que cambiar nuestros métodos, hacer lo posible para que en  nuestros cursos se consiga un cambio de mentalidad. Durante diez o quince días, no podemos pretender que los alumnos alcancen la forma física necesaria para ejercer su trabajo de seguridad. Sin embargo resulta muy fácil para un instructor hacer que cada día se corran 4 o 5 kilómetros, trabajo inútil si luego no existe una constancia por parte del alumno.

    También es imposible convertir a un alumno en un experto en defensa personal, tiro o conducción de vehículos. Sólo el entrenamiento podrá asegurar el éxito en futuras intervenciones.

    Aunque son las áreas de enseñanza más atractivas, y donde todos prestan mayor interés y atención.

    Lógicamente aplicaremos, de forma intensiva, las nociones básicas para que los alumnos terminen el curso sabiendo utilizar su cuerpo, el arma y el vehículo de forma defensiva u ofensiva. Nadie debe finalizar su formación sin conocer y practicar hasta el cansancio, las técnicas necesarias para reducir o neutralizar, de forma eficaz, a un posible adversario.

    El problema surge cuando el mejor tirador, el piloto más hábil o el experto en artes marciales, ante una situación real (simulacro), se colapsa, no reacciona o simplemente se queda en un estado de shok, no asimilando lo que está ocurriendo. Por no decir cuando se reacciona de forma nerviosa o  imprudente causando daños o incluso víctimas innecesarias.

      Eso, por desgracia, es lo que va a ocurrir en la vida real, donde el delincuente actuará de forma cobarde, sorprendiéndonos en la mayoría de la ocasiones.

 

    Así pues, después de esa parte fundamental de entrenamiento (tiro, defensa personal, conducción...), debemos aplicar todos nuestros conocimientos y experiencia para trasladar, en la medida de lo posible, una  nueva forma de trabajar, un cambio de mentalidad, una  nueva filosofía.

   

    Esta es la formación que queremos y debemos dar, este es un nuevo reto que tenemos los profesionales de la formación y desear que todos nuestros alumnos aprovechen estas enseñanzas para que jamás sean víctimas de un grupo armado, terrorista o delincuente común.

 

Que la Seguridad sea vuestra mejor compañía.

Un saludo.

 

        Alfonso Pascual del Campo

        Director CFES.

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